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SOFROSINE MEADOW: Uruguay puede transformase en uno de los líderes mundiales en equilibrio

  • 6 abr 2020
  • 7 min de lectura

Uruguay está ante la posibilidad histórica de transformarse en un líder mundial, una chance que seguramente no vuelva a tener en 50 o 100 años. Hay veces que las cosas se dan así, y llegan en el momento justo. Un pequeño país para liderar el cambio y buscar el equilibrio entre medioambiente, sociedad y tecnología.

Siempre me ha gustado ponerle nombre a todo, creo que es la forma más concreta de identificar y fijar imágenes a conceptos.


“Sofrosine” es un término que utilizaban los antiguos griegos (contrario al de Hybris) que habla de la capacidad de templanza, balance, equilibrio, y en cierta manera del dominio del espíritu sobre el cuerpo. Y por ello creo que es éste el nuevo dominio que atraviesa transversalmente a todo el universo a partir de la pandemia por COVID-19.


Hoy no podemos pensar en un futuro cercano que no sea liderado por personas y países que no crean en el concepto de equilibrio entre medioambiente, sociedad y tecnología, y si hay algo que nos ha demostrado esta crisis aún sin fecha de caducidad es que a lo largo y ancho del mundo ha capeado la desmesura, los desequilibrios, los nacionalismos, el uso exacerbado de herramientas disponibles (tecnológicas y sociales), y la presencia de líderes que a la hora de la verdad, no solo no miraron al resto del mundo sino que siquiera le estiraron la mano a sus vecinos.


La desmesura de las cifras y estadísticas (Big Data) en tiempo real pasó por arriba nuestra realidad, sin siquiera darnos cuenta que el termómetro tenía diferentes escalas, que medía a destiempo y que algunos hasta “tanteaban en la oscuridad” lo que encontraban o lo que les convenía, y que el mundo ha construido un montón de burocracia e instituciones que no son casi escuchadas (llámese OMS), porque al fin y al cabo el resultado final se mide en imagen y votos.


Todos han querido encontrar la receta mágica de un problema que no tiene recetas sino una máxima, y es que los mejores parados hasta ahora son los que han sabido encontrar el equilibrio entre sociedad, tecnología y medioambiente. Y los que más pronto saldrán de este desequilibrio, serán los que han introducido las tres variables y las han balanceado con un eje económico/cultural superlativo.


Sofrosine Meadow


Construir esa “Pradera de Moderación o de Equilibrio” debe ser la premisa de nuestra generación, y la de Uruguay como Nación. Tenemos casi todo para ser un líder positivo a favor de esta corriente. Nuestro país sabe de ser líder en cuanto a políticas sociales vanguardista a lo largo de su historia.

Necesitamos de ese lugar llano desde donde se pueda mirar bien lejos, un sitio seguro, con conciencia social y medioambiental, donde las distancias y desigualdades sean cada vez menores. Y para ello se necesita sí o sí de capitales valientes y no importa tamaño ni demografía sino del coraje de los políticos, empresarios y gremios y de la construcción de condiciones reales.


Es nuestra hora


A veces en la historia de los países y las regiones, simplemente por orden y gracia de las circunstancias, se presentan oportunidades de “cambiarlo casi todo”. Con suerte, cada una, dos o tres generaciones, algo modifica la dinámica global y nos permite repensar el mundo y evaluar la forma en que somos liderados. Y es allí donde los Estados tienen la oportunidad de cambiar, consolidar o transformar su realidad. Pero nada es posible sin sus ciudadanos, y nada es factible sin un proceso, pues no hay quimera se dé en forma espontánea ni por imperio del azar.

Lo ideal sería no culpar ni exculpar a nada ni nadie, no poner escusas, ni “gritar” que el tropiezo es causado por un factor “invisible” e “imprevisible” (curiosamente lo mismo que dicen del Mercado). De qué sirve? Si para salir de un laberinto, lo único seguro es que no se debe dejar de caminar, y allí, mirar el futuro con una perfecta comprensión del presente es la única salida.


Países como Uruguay deberían construir su propia forma de resolver las cosas, con humildad, con transparencia, oteando -por supuesto- al mundo pero usando todo el gran capital humano disponible, estableciendo objetivos y prioridades, y sobre todo, sin quejas, sin terceros, sin buscar demonios.

El punto de partida es gran parte de nuestra solución, lo que hemos construido en la última generación, lo bueno y lo malo.

Hoy protegemos a nuestra población más vulnerable (mayores de 65 años y los más enfermos), y eso nos hace crecer, nos hace solidarios y comprometidos con la sociedad: lo primero es la vida, siempre. Pero luego de que esto pase, no es hora de que empecemos a salvaguardar y pensar de la misma forma en el país que les queremos dejar a nuestros hijos, en la “vida” que les vamos a dejar, en la educación que queremos que tengan, para que si un día tienen que protegernos de cualquier eventualidad, sean un mejor reflejo de lo que nosotros fuimos.


En Uruguay, cuando nace un bebé, siempre solemos decir en tono de broma que “ese niño es parte de la generación que nos va a salvar”. Yo no creo en eso. La realidad es que la personas que pueden de verdad cambiar la realidad de todos (hoy) son los Millenials (los que nacieron entre el 1981 y el 2000 aproximadamente), ellos son los que toman decisiones, ejercen el poder, generan las transiciones, se implican, sueña, tropiezan y desarrollan las verdaderas políticas de Estado y la visión de los que seremos. Y ellos, sin dudar, deben ver más allá de su vida biológica, y apoyarse en la experiencia de los más grandes y experientes. El Uruguay del siglo XX, fue la visión de un montón de intelectuales y políticos que creyeron y construyeron un Uruguay en el que no vivirían.


Nuestro pequeño país


Hoy la pandemia causada por el Covid-19 está poniendo al mundo en un brete, no solo sanitario sino económico, que tendrá efectos a corto, mediano y largo plazo.


En Uruguay, todo lo solemos llevar a la metáfora futbolística. Hoy, por ello, es bueno recordar aquella frase que primero Steve Job, y luego el Maestro Tabárez (entrenador de la selección uruguaya de fútbol), hicieron célebre: “El camino es la recompensa”. Y no es menor, recordar que muchas de las cosas que hoy nos parecen comunes, no son sino el fruto de una visión común y a largo plazo, que construyeron muchísimos uruguayos con trabajo y talento, y que saborean mejor en los malos momentos por aquello de que nunca se llega al final sino que se está en continua expansión.


Como toda nación que se precie de ello, aún queda mucho para mejorar, pero ¿y si empezamos hoy?

No importa la política aquí, sino las Políticas de Estado, por ello hoy podemos afirmarnos en que está recuperación nos encuentra bien parados, muchas veces en aspectos que pasan casi desapercibidos pero que son una gran fortaleza en momentos difíciles, porque cada uno aplica en una condición que empeoraría mucho las cosas en caso de estar presente o representar un gran problema.


Solo por mencionar algunas cosas.

- Diversificación de la matriz exportadora y ampliación de los mercados: esto nos va a permitir no depender de una sola región o país.

- Consolidación de la industria forestal (Más de 30 años de la Ley Forestal): se consolidan proyectos de miles de millones de dólares que darán empleo y aumentarán PBI (más allá de la discusión sobre los trasfondos del contrato).

- Estabilidad democrática y de las instituciones.

- Bajos niveles de corrupción.

- Siempre entre los mejores índices de Latinoamérica en pobreza, indigencia, desocupación y desigualdad. En estas cifras no hay buenos indicies, sino los peores malos.

- Más de 300 mil uruguayos dejaron de fumar desde que comenzaron a aplicarse las políticas antitabaco en 2005: menos enfermos crónicos de afecciones pulmonares, cardíacas, entre otras. Más camas comunes y de CTI en el sistema de salud.

- Plan Ceibal: el Uruguay cuenta, como casi ningún otro país en el mundo, con un sistema y una plataforma educativa pública y gratuita que permitirá durante esta cuarentena que miles de niños continúen sus estudios de manera remota. Sin dudas, esta coyuntura mejorará e involucrará aún más al sistema educativo sobre usos y costumbres. Además de que el Plan Ceibal es un actor clave para el desarrollo de la informática en el país.

- Política de Estado para el desarrollo de la industria de TI. Gracias a ello, Uruguay se posiciona como un referente en materia digital en América Latina, formando parte de los nueve gobiernos más avanzados del mundo en este tema gracias a sus políticas de inclusión y desarrollo tecnológico.

- Uruguay es un referente mundial en desarrollo de software, lo que le ha permitido ofrecer soluciones rápidas a empresas, organismos e instituciones, para paliar la situación provocada por la cuarentena. Desarrollo de trabajo a distancia, soluciones a medida, conferencias y foros online, servidores, entro otros aspectos claves para que el país no se haya detenido completamente.

- Existe una penetración de casi el 100% de internet.

- El país ha invertido y está a la vanguardia en infraestructura digital, en hechos tales como la colocación del cable submarino, la fibra óptica al hogar, el Antel Arena, el Data Center, la conectividad y cobertura a nivel nacional. Y eso ha redundado en que los uruguayos confinados en sus casas, han podido informarse, divertirse y conectarse con un alto grado de calidad.

- Uruguay tiene fiabilidad estadística, y está bastante avanzado en su integración a diversos universos.

- Avances promisorios en la aplicación de una Historia Clínica Digital.

- Hoy el 100% de los trámites de la Administración Central pueden iniciarse en línea, y otro gran porcentaje también cerrarse.

- Si bien aún tiene muchos aspectos mejorables, el Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), que busca el sistema público tradicional y el mutual, ha permitido agilidad tanto en el flujo de información como en la conciencia del verdadero estado del sistema de salud uruguayo para paliar la pandemia. Hoy, nunca mejor planteado, que no se puede gestionar nada que no se pueda medir.

- El 98 % de nuestra matriz energética es renovable

Un punto de partida que es trampolín


En esta Pandemia hay tantas estrategias como países. Todos se han cerrado como un capullo sobre sus propios problemas. El cimbronazo económico seguramente perdurará por un tiempo difícil de estimar, al igual que el psicológico. Pero en Latinoamérica (con muchos matices) hemos podido prever y prepararnos para ella.

Necesitamos que una generación lo cambie todo, que tenga la convicción y tome las decisiones correctas.

Necesitamos que todos creamos en ell@s y que sean la condensación de todas las generaciones precedentes y la guía de las que vienen, que utilicen toda la tecnología que esté a su alcance con sabiduría y responsabilidad, pero que dejen de soñar con Silicon Valley para pasar a crear su propio espacio, uno cuyo límite sea el mundo.


Si éste es nuestro punto de partida, por qué no usarlo de plataforma para transformarnos como país, para consolidar lo obtenido y mirar más lejos, repensar nuestro país y la forma en que se trabajará, estudiará y dispondrá de recursos humanos y materiales en el futuro, para ser mejores, y para por qué no, ser un líder mundial.

 
 
 

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